CUENTOS

EL SECRETO DE SHAKESPEARE










Es casi de madrugada y un frío intenso me mantiene en medio de las cobijas cuando alguien llama a la puerta.



¿Quién puede ser a estás horas? – me pregunto, cuando encamino mis somnolientos pies hacia la perilla que mis manos, torpes de sueño, giran para dar paso a un hombre de extraño aspecto.



-¡Buenos días!- escupe sobre mi rostro un hombre anciano de talle grueso, de aspecto gris que viste un apolillado traje oscuro.



-¡Buenos días!- le respondo de manera automática y le miro con toda la furia que mi sueño interrumpido genera, por mi cabeza vuelan todavía las fantásticas historias de las mil y una noches, libro que leo y releo cada vez que puedo y que anoche con la claridad de la luna leí hasta muy entrada la noche. Mi padre acostumbrado a sus orígenes, tenía una vieja Biblia toda desvencijada en sobre el viejo buró. Yo prefiero soñar con mujeres misteriosas, efrits, zocos, chinelas, kadis, alfajes, y héroes venidos del lejano oriente, después de todo, los ángeles en los que mi padre creía no lograron arrancarlo de los brazos del infortunio financiero, ni mucho menos, creo yo, habrán de llevarlo al paraíso, como a mí las mil y una noches. Ese paraíso lo encuentro cada noche en mis nocturnas lecturas, abrevadero único de paz y tranquilidad, en éste revolucionado mundo invadido por la tecnología.



-Buenos días- repite el anciano con voz de alto ejecutivo y acto seguido comienza a salpicar a diestra y siniestra palabras atiborradas de movimientos manuales, -plumas, bolígrafos- así como las ventajas únicas e incomparables de la marca que representa. ¡Resulté afortunado!, El elegido entre los miles que escriben a la compañía solicitando sus preciadísimas “joyas”, “porque más que bolígrafos, las piezas que yo vendo son arte”.



-Represento al grupo industrial bac-boo que fabrica y atesora las más finas plumas y bolígrafos que existen en el mercado mundial, ni alemanes, japoneses o coreanos igualan nuestros productos y es que escribir con un “bolígrafo bac-boo es otra cosa”, es como acariciar el suave cuerpo de Afrodita, como beber el más delicioso ron en compañía de unos puros cubanos que son deliciosos.



-Escribir con un bolígrafo bac-boo, es una experiencia que no puede dejar pasar-decía mientras le brillaban los ojos de una manera poco usual- bac-boo ha lanzado al mercado el único bolígrafo inteligente, capaz de convertirse en auténtica ayuda para el usuario.



-En realidad no me interesa comprar ningún bolígrafo- le dije en tono molesto, pero el hombre no pareció importarle y continuó su perorata.



-Su precio real es inalcanzable para usted, pero hoy quiero regalárselo por una cantidad insignificante para la calidad del producto que ofrezco. Por tan sólo 20,000 pesos se va a llevar el bolígrafo “eternity”, una suscripción a la revista Nexos, así como, dos gallos de pelea jaliscienses con su respectiva dotación de alimento y una gallina para los momentos difíciles...



-¿No se le hace que pide mucho dinero?, Lo que usted vende no vale ni una quinta parte de lo que usted me está pidiendo- le dije. Como única respuesta esbozó una sonrisa de forma retorcida y me enseño un catálogo con fotografías viejas de color amarillento impresas en vitelas originales en donde aparecían, con bolígrafo en mano personajes de la talla de Dante, Cervantes, Goethe, Virgilio y Shakespeare y otros muchos que reconocí. Al pie de la foto se leía la obra que el autor había terminado de escribir y al lado el bolígrafo “eternity”. Obras como el “Quijote”, “ La Divina Comedia” o “Fausto” habían sido escritas gracias a la magia del bolígrafo y a la empresa bac-boo.



-Este producto ha sido utilizado por los más grandes escritores; Shakespeare lo utilizó cuando tenía forma de pluma de cisne. Créame, con este bolígrafo las más importantes obras filosóficas y literarias han sido escritas, y no le voy a mentir, la tinta mágica casi se ha terminado, esto se debe a que es inminente el fin de la Historia, no se ha dado cuenta de que ahora sólo refritos se escriben, y es por que no usan bolígrafos “eternity” –adquirió aquí un tono marcial-. Aquellos que sobrevivan al siglo XXI sólo podrán aprender de los libros que se conserven. Tú eres el elegido para ser dueño de la pluma durante algún tiempo y escribir alguna de las últimas obras inmortales que el género humano produzca.



Incrédulo le dije que fuera a timar a otro tonto, y que si no me reía de él en sus narices era por respeto a sus canas. Con aire suficiente le señalé la puerta y retiré la tasa de café medio vacía que el anciano hábilmente se había servido durante toda su exposición.



Permaneció inmutable durante algunos segundos y arqueando las cejas de manera burlona me dijo:



-Le puedo demostrar con facilidad que es cierto lo que le digo. Este bolígrafo en sus manos, que son las adecuadas, puede escribir maravillosas historias-.



-Sí lo que me dice es cierto, porqué vender algo invaluable en una cantidad tan baja y ¡a mí!-.



-Ya se lo dije, en las manos apropiadas... además yo necesito vivir de algo- dijo esto mientras su rostro adquiría un aire solemne y desafiante-.



-Agarre la pluma, y si pinta, es usted el dueño, la pluma no pinta con quien no le parece-.



Tomé la pluma y comencé a pintar sobre el papel, la tomó él y no pinto, pensé que me estaba tomando el pelo, había algún truco en la pluma, por lo que llamé a mi vecino y el tampoco pudo escribir.



-Sí lo que dice es cierto- dije- le pagaré lo que pide aunque tenga que vender mi alma al diablo-. Acto seguido el anciano me pidió que me sentara y colocó con parsimonia un antiguo papiro frente a mí, tomó el bolígrafo de la mesa y lo deslizó con la delicadeza entre mi mano.



¿Qué clase de libro le gustaría escribir?-me dijo- piénselo y escríbalo.



De pronto mi mano comenzó a escribir: “Las mil y una noches”. Escribí durante mil y una noches sin descanso alguno, no sentía hambre, sed o sueño.



El anciano debió de haber salido sin que yo me percatase de ello.



Pasada una eternidad, solté finalmente el bolígrafo y apenas instantes después, llamaron inmediatamente a la puerta.



-Me he tardado, pero aquí estoy- dijo el anciano. Sobre el sillón descansaba el papiro, era una copia íntegra y exacta de las “mil y una noches”. Lo miré perplejo y le dije:



-Pero si han pasado mil y una noches desde que usted me dejó... ¿cómo es posible la exactitud?...¿cómo sabía?...



-Usted ha vivido un tiempo literario, no olvide que la obra ya había sido escrita, no transcurrió tanto tiempo, no tanto como usted cree. Incluso la tinta permanece intacta, sólo ha repetido algo que ya había sido escrito. ¿Tiene el dinero que vale la pluma?.



-No, no he podido conseguirlo, recién termino de escribir, deme un plazo, un plazo razonable.



-¿Le parece bien setenta y dos horas?-



-Es un trato- dije y nos despedimos de manera cordial. La pluma quedaba bajo mi resguardo y las instrucciones para utilizarla y así escribir nuevas obras me serían entregadas cuando pagase el precio de la pluma.



Pasadas las setenta y dos horas el anciano se presentó nuevamente y a cambio del dinero me entregó un manuscrito antiguo, escrito en latín, pero que yo podía entender de manera inexplicable. El manuscrito contenía una serie de ritos y oraciones, al término de los cuales se podía utilizar la pluma, pero ésta había desaparecido de la caja fuerte donde había guardado, quedando tan sólo, la copia escrita de las “mil y una noches”, prueba irrefutable de que la pluma existe. Por lo que es seguro que tan extraño objeto debe estar en manos de un escritor.

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