EXISTENCIALISMO

El existencialista no tomará jamás al hombre como fin, porque siempre está por realizarse.





El presente ensayo muestra las características más esenciales del existencialismo, partiendo de que el existencialismo (es) una doctrina que hace posible la vida humana y que, por otra parte, declara que toda verdad y toda acción implica un medio y una subjetividad humana, alejándose de posturas objetivas o absolutas. Por ello Sartre sentencia, la existencia precede a la esencia, o, se prefiere, que hay que partir de la subjetividad.



El conocimiento lo hace depender solamente del sujeto, tanto de sí como del otro: subjetivismo, por una parte, quiere decir elección del sujeto individual por sí mismo, y por otra, imposibilidad del hombre de sobrepasar la subjetividad humana.



Pero qué significa que la existencia precede a la esencia, significa que el hombre empieza por existir, se encuentra, surge en el mundo, y después se define. El hombre tal como lo concibe el existencialista, si (no) es definible, es porque empieza por no ser nada. Sólo será después, y será tal como se haya hecho. Así pues, no hay naturaleza humana, porque no hay Dios para concebirla. El hombre es el único que no sólo es tal como él se concibe, si no como él se quiere, y como se concibe después de la existencia, como se quiere después de este impulso hacia la existencia; el hombre no es otra cosa que lo que él mismo se hace.



De ahí que Sartre conciba la libertad como acción: (se) define al hombre por la acción…el destino del hombre está en él mismo…sólo hay esperanza en su acción y la única cosa que permite vivir al hombre es el acto…vérnoslas con una moral de acción y compromiso.



Pero esta acción no es un conjunto de movimientos sin sentido, sólo hay realidad en la acción; y va más lejos todavía (el existencialista), porque agrega el hombre no es nada más que su proyecto, no existe más que en la medida en la que la realiza, no es por lo tanto más que el conjunto de sus actos, nada más que su vida.



El ser, al ser proyecto que elige su destino después de ser arrojado al mundo y no puro movimiento arbitrario, sin sentido: empieza… por ser algo que se lanza al porvenir y que es consciente de proyectarse hacia ese porvenir. El hombre es ante todo proyecto que se vive subjetivamente, en lugar de ser un musgo, una podredumbre o una coliflor, nada existe previamente a este proyecto: nada hay en el cielo inteligible, y el hombre será ante todo lo que ha proyectado ser. No lo que querrá ser…porque querer es una decisión consciente, que para la mayoría de nosotros es posterior a lo que el hombre ha hecho de sí mismo.



Así somos una libertad que elige pero no elegimos ser libres: estamos condenados a la libertad…arrojados a la libertad.



Nuestra libertad y acción, son conducidas por la buena fe al ser responsables de los otros, aunque algunos obren de mala fe, se elige frente a los otros, y uno se elige a si frente a los otros. Ante todo se puede juzgar (y éste no es un juicio de valor, sino un juicio lógico) que ciertas elecciones están fundadas en el error y otras en la verdad…si hemos definido la situación del hombre como una elección libre, sin excusas y sin ayuda, todo hombre se refugia detrás de la excusa de sus pasiones, todo hombre inventa un determinismo, es un hombre de mala fe…la mala fe es evidentemente una mentira, porque disimula la total libertad del compromiso.



Al ser arrojados a la libertad, al elegirse y elegir Sartre niega cualquier naturaleza humana, no somos ni buenos como sostenía Rosseau, ni malos como sostuviese Hobbes. El hombre es libre y no hay ninguna naturaleza humana en la que yo pueda fundarme.



Por lo que respecta a la conciencia, ésta no es abstracta, es conciencia de algo…la conciencia nace apuntando hacia un ser que no es ella misma, alejándose del cogito ergo sum cartesiano, la conciencia no es posible antes de ser, sino que su ser es fuente y condición de toda posibilidad, su existencia implica su esencia…para que haya una esencia de placer, es preciso que haya antes el hecho de una conciencia de ese placer, es decir una conciencia es pre-reflexiva.



Esto permite al autor acercarse al situacionismo. No hay libertad sino en situación y no hay situación sino por la libertad.



Por eso, el primer paso del existencialismo es poner a todo hombre en posesión de lo que es, y asentar sobre él la responsabilidad total de su existencia. Al concebir al ser en situación, ante una gama de posibles, sin estar determinado por un antes o después sino por un proyecto, niega cualquier moral determinista que obstaculice la libertad o que sirva de factum a la libertad.



Esta responsabilidad sustituye a cierta moral abstracta universal determinista de la acción humana. Ninguna moral general puede indicar lo que hay que hacer; no hay signos en el mundo…soy yo mismo el que elige el sentido que tienen, o bien no hay ningún valor a priori determine mi elección. La moral metafísica no tiene sentido para Sartre, por eso la reafirmación de su ateísmo.



Dostoievski escribe: “Si Dios no existiera todo estaría permitido”. Este es el punto de partida del existencialismo. En efecto, todo está permitido si Dios no existe y en consecuencia, el hombre está abandonado, por que no se encuentra ni en sí ni fuera de sí una responsabilidad de aferrarse. No encuentra ante todo excusas…no hay determinismo, el hombre es libre, el hombre es libertad. Si…Dios no existe, no encontramos frente a nosotros valores u órdenes que legitimen nuestra conducta…estamos solos sin excusas. La axiología toma relatividad individualista, de situación que tampoco la ubica dentro de una construcción social. El hombre se encuentra solo en situación y determinará lo mejor para él y para los demás. Sin embargo, esto no ocurre así en la realidad. Si tenemos una moral individualista basada en el cálculo de costos beneficios, en donde lo prioritario es lo mío y cuanto voy a ganar. La moral situacionista se vuelve contradictoria.



Sí yo elijo la ganancia, desde el punto de vista neoliberal me elijo a mí y a los demás diciendo: como yo no me puedo gastar todo lo que gano, entonces lo invierto generando nuevos puestos de trabajo. Yo me beneficio y mis trabajadores también. Esa es la moral de situación, en cambio la moral kantiana diría que como el sujeto es un fin en sí mismo, no puedo explotar a un semejante, pues yo aceptaría ser explotado. El imperativo categórico se manifiesta en beneficio mío y de los demás. Esto nos marca la paradoja sartreana.



Si he suprimido a Dios padre es necesario que alguien invente los valores. Hay que tomar las cosas como son… la vida, a priori, no tiene sentido. Antes de que ustedes vivan, la vida no es nada; les corresponde a ustedes darle sentido, y el valor no es otra cosa que ese sentido que ustedes eligen. Sin embargo, situar la vida a priori sin sentido, es pensar antropocéntricamente. Si yo le doy sentido a la vida esto no implica que ésta este por debajo del hombre.



Pero esto no quiere decir que el hombre tenga que actuar arbitrariamente y en contra de los demás, por que en sus circunstancias construye su moral. El hombre se hace no está todo hecho desde el principio, se hace elegir su moral, y la presión de las circunstancias es tal, que no puede dejar elegir una. No definimos al hombre sino en relación con el compromiso, y en ese compromiso está el otro.



Soy responsable para mi mismo y para todos, y creo cierta imagen del hombre que yo elijo; eligiéndome, elijo al hombre. Dejando atrás utopías como el individualismo egoísta o la de Robinson Crusoe. El ser es eminentemente social, en caos y desorden, además de ambiguo.



Sin embargo, Sartre en su conocida ambigüedad afirma: el hombre se elige, entendemos que cada uno de nosotros elige, pero también queremos decir con esto que al elegirse elige a todos los hombres…no hay ninguno de nuestros actos que al crear el hombre que queremos ser, no cree al mismo una imagen del hombre tal como consideramos que debe ser. Elegir ser esto o aquello, es afirmar al mismo tiempo el valor de lo que elegimos, porque nunca podemos elegir mal; lo que elegimos es siempre el bien, y nada puede ser bueno para nosotros sin serlo para todos. En esto, acercándose al Kantianismo, piensa que el hombre elige el bien, lo cual contrasta con la realidad del hombre, como el ejemplo del trabajador y el patrón.



En esto radica la responsabilidad cuando decimos que el hombre es responsable de sí mismo, no queremos decir que el hombre es responsable de su estricta individualidad, sino que es responsable de todos los hombres. Al ser responsable de todos los hombres, el autor deriva su universalismo, sin embargo, al ser responsable de todos, no implica necesariamente que todos los seres elijan el bien. Es responsable en la medida que actúa, pero eso no necesariamente conduce a que el ser lo haga con fines benéficos.



Construyo lo universal eligiéndolo (al hombre), construyo al comprender el proyecto de cualquier otro hombre, sea de la época que sea. Este absoluto de la elección no suprime la relatividad de cada época. Lo que el existencialismo tiene interés en demostrar es el enlace del carácter absoluto de compromiso libre.



Así toda construcción de proyectos individual, también se vuelve universal. Todo proyecto por más individual que sea, tiene un valor universal.



La filosofía de Sartre en relación con el otro, basada en la responsabilidad afirma: El hombre se encuentra en una situación organizada, donde está el mismo comprometido, compromete con su elección a la humanidad entera, y no puede evitar elegir…haga lo que haga, es imposible que no tome una responsabilidad total frente a este problema…elige sin referirse a valores preestablecidos…lo que hay de común entre el arte y la moral es que, en los dos casos, tenemos creación e innovación. No podemos decir a priori lo que hay que hacer…se vio obligado a inventar él mismo su ley.



Al no contar con un Dios, con una moral trascendental y estar condenado a la libertad, surge la angustia. El desamparo implica que elijamos nosotros mismos nuestro ser. El desamparo va junto con la angustia. En cuanto a la desesperación, esta expresión tiene un sentido extremadamente simple. Quiere decir que nos limitaremos a contar con lo que depende de nuestra voluntad, o con el conjunto de probabilidades que hacen posible nuestra acción…nuestra acción implica el conjunto de esos posibles. A partir del momento en que las posibilidades que considero no están rigurosamente comprometidas por mi acción, debo desinteresarme, porque ningún Dios; ningún designio puede adaptar al mundo y sus posibles a mi voluntad.




Por lo anterior, el existencialista suele declarar que el hombre es angustia. Esto significa que el hombre se compromete y que se da cuenta de que es no sólo el que elige ser, sino también su legislador, que elige al mismo tiempo que así mismo a la humanidad entera, no puede escapar al sentimiento de su total y profunda responsabilidad. Aún cuando la Dra. María del Rayo establezca: la angustia deviene del darse cuenta que somos libertad, que no tenemos fundamento, es angustia ontológica por sabernos seres existentes, que estamos de más, gratuitamente.



Esto nos lleva a definir la verdad, sin especie humana no hay verdad, para obtener una verdad cualquiera sobre mí, es necesario que pase por otro. El otro es indispensable a mi existencia tanto como el conocimiento que tengo de mí mismo. En estas condiciones, el descubrimiento de mi intimidad me descubre al mismo tiempo el otro, como una libertad colocada frente a mí. Así descubrimos en seguida un mundo que llamaremos la intersubjetivad, y en este mundo el hombre decide lo que es y lo que son los otros.



Otro aspecto importante del existencialismo es la nada, pero cómo se genera ésta, el único ser que puede ser llamado libre es el ser que nihiliza su ser…la nihilización es carencia de ser, y no podría ser de otro modo. La libertad es, precisamente, el ser que se hace carencia de ser.



No se puede concebir la Nada fuera del ser, ni como noción complementaria y abstracta, ni como medio infinito en que el ser estaría en suspenso. Es menester que la Nada se dé en el meollo mismo del Ser para que podamos captar ese tipo particular de realidades que hemos llamado Negatidades. Pero esa nada intramundana no puede ser producida por el Ser en sí; la noción de Ser como plena positividad no contiene la Nada como una de sus estructuras. Ni siquiera puede decirse la Nada sea excluyente del Ser: carece de toda relación con él. Si la nada no puede concebirse ni fuera del Ser y si, por otra parte, siendo no ser, no puede sacar de sí misma la fuerza necesaria para nihilizarse.




Todo lo anterior nos lleva a preguntarnos ¿cuál es la estructura topológica de la libertad? A esta pregunta se responde, el ser, la factibilidad y la responsabilidad. Al centro está la libertad. Pero, ¿cuáles son las características del ser que es libertad?:



Primero.- La condición primera de la acción es la libertad. La primera mirada a la realidad humana nos enseña que, para ella, ser se reduce a hacer…la realidad-humana no es primero para actuar después, sino que para ella ser es actuar, y cesar de actuar es cesar de ser.



Segundo.- La existencia del acto implica su autonomía, es decir el acto no está determinado por un estado anterior del mundo o por otro acto. Esos actos no son causa efecto, son una serie de movimientos.



Tercero.- El acto no es puro movimiento, debe definirse por su intención. La intención, que es la estructura fundamental de la realidad-humana, no puede, pues, en ningún caso, explicarse por algo dado, aún si se pretende que ha emanado de ello.



Cuarta.- La intención es elección del fin y el mundo se revela a través de nuestras conductas, la elección intencional del fin revela el mundo se rebela tal o cual, según el fin elegido. El fin, al iluminar el mundo, es un estado del mundo que ha de ser logrado y aún no existente. La intención es conciencia tética del fin.



Quinto.- Si lo dado no puede explicar la intención, es menester que ésta realice, por su propio surgimiento, una ruptura con lo dado, sea lo que fuere. No podría ser de otro modo, si no tendríamos una plenitud presente que sucedería, en continuidad, a otra plenitud presente, y no podría prefigurar el porvenir… La realidad humana, al ser acción, no puede concebirse sino una ruptura de lo dado en su ser. Ella es el ser que hace que haya algo dado, rompiendo con ello e iluminándolo a la luz de lo aún no existente. Lo anterior manifiesta, el proyecto inacabado del ser, el para sí no tiene fin, como tampoco el en sí, en su plena libertad, constantemente se renueva.



Sexto.- La necesidad de que lo dado no aparezca sino en los marcos de una nihilización que lo revela se identifica con la negación interna. Sería vano imaginar que la conciencia pudiera existir sin lo dado; sería entonces conciencia (de) sí misma como conciencia de nada, es decir, la nada absoluta. Si el no fuera su propia negación, sería lo que es, algo pura y simplemente dado, pues lo dado, por lo dado, por naturaleza, no es sino lo que es. Para no ser algo dado, es menester que el para sí se constituya perpetuamente como un retroceso con respecto a sí, es decir, se deje siempre a la zaga de sí mismo como un datum que él ya no es. Esta característica del para sí implica que es el ser que no encuentra ningún auxilio, ningún apoyo en lo que él era. El para sí es libre y puede hacer que haya un mundo porque es el ser que ha de ser lo que era a la luz de lo que será. La libertad del para sí aparece, pues, como su ser. La libertad del para sí esta siempre comprometida; no se trata de una libertad que sería poder indeterminado y preexistencia a su elección. La libertad es simplemente el hecho de que esa elección es siempre incondicionada.



Séptima.- La libertad es elección de su ser, la realidad humana puede elegirse como le plazca, pero no puede no elegirse, ni siquiera puede negarse a ser. La libertad no es pura y simplemente la contingencia en tanto que se vuelve hacia su ser para iluminarlo a la luz de su fin; es un perpetuo escaparse a la contingencia, es interiorización, nihilización y subjetivación de contingencia, que, así modificada, se viene por completo en la gratuidad de la elección.



Octavo.- El proyecto libre es fundamental, pues es mí ser. Ni la ambición, ni la pasión de ser amado, ni el complejo de inferioridad pueden considerarse como proyectos fundamentales. La estructura de la elección implica necesariamente que sea elección en el mundo. Una elección que se efectuara a partir de nada o contra nada no sería elección de nada y se anularía como elección. Siendo la libertad ser-sin-apoyo sin trampolín, el proyecto, para ser, debe ser constantemente renovado. La necesidad de elegirme perpetuamente se identifica con la persecución-perseguida que soy. Mi libertad roe mi libertad. Al ser libre, en efecto, proyecto mi posible total, pero pongo con ello mi ser libre y mi posibilidad de nihilizar siempre ese proyecto primero preverificándolo.



Una vez definido el ser como libertad, es necesario preguntarse por la facticidad.



La realidad humana encuentra doquiera resistencias y obstáculos que no ha creado ella, pero esos obstáculos y esas resistencias no tienen sentido sino en y por la libre elección que la realidad humana es. La facticidad de la libertad es lo dado que ella ha de ser y que es iluminado su proyecto. Son mi sitio, mi cuerpo, mi pasado, mi posición, en tanto que está determinada por las indicaciones de los Otros; finalmente, mi relación fundamental con el prójimo.



Entonces qué significa la facticidad de mi sitio, de mi pasado, de mis entornos, de mi prójimo, de mi muerte.



La facticidad de mi sitio como primera contingencia significa, que, el nacer es, entre otras características, tomar uno su sitio o, más bien, recibirlo. Sólo a la luz del fin cobra significación mi sitio. Pues no puedo nunca estar simplemente ahí; mi sitio es captado, precisamente como exilio o por el contrario, como ese lugar natural. Mi sitio me aparece como una ayuda o como un impedimento. La facticidad de mi sitio no se me revela sino en y por la libre elección que hago de mi fin. La libertad es indispensable para el descubrimiento de mi facticidad. La facticidad es la única realidad que la libertad puede descubrir; la única que puede nihilizar por la posición de un fin; la única a partir de la cual tiene sentido poner a su fin. La libertad es la aprehensión de mi facticidad. Al ser arrojado al mundo, no elijo donde he nacido, es pura contingencia que sólo cobra sentido al establecer mi proyecto. Si he nacido en África, descendiente de raza negra y quiero ser blanco europeo, entonces la contingencia se manifiesta como facticidad, pues no lo puedo ser.



La facticidad de mi pasado significa realmente que este carece de fuerza para constituir el presente y prefigurar el porvenir. Todo lo que soy, he de serlo en el modo de haberlo sido, ser es haber sido; sin pasado, no puedo concebirme; es más ni siquiera podría pensar. Todo mi pasado esta ahí, perentorio, urgente, imperioso; pero elijo su sentido y las órdenes que me da por el proyecto mismo de mi fin.



Sin duda esos compromisos contraídos pesan sobre mí, sin duda, el vínculo conyugal otrora asumido, la casa comprada y amueblada el año anterior, limitan mis posibilidades y me dictan mi conducta; pero precisamente por tener determinados proyectos re-asumo el vínculo, porque no hago de él un “vinculo conyugal pasado, preter-ido y trascendido, muerto”, sino que, al contrario, mis proyectos me implican mi fidelidad a los compromisos contraídos o la decisión de llevar una “vida honorable” de marido y de padre, etc.



Mi libre elección no decide sólo acerca del contenido del pasado y del orden de este contenido, sino también sobre la adherencia de mi pasado a la actualidad. Elegimos nuestro pasado a la luz de cierto fin, pero, desde entonces, se impone y nos devora; no porque tenga una existencia de suyo, diferente de la que habemos de ser, sino simplemente porque: 1º) es la materialización actualmente revelada del fin que somos; y 2º) aparece en medio del mundo, para nosotros y para el prójimo; nunca se está solo, sino que se asume en el pasado universal y con ello se ofrece a la apreciación del prójimo. El pasado existe sólo como ese yo que no soy. Su función es ser lo que elegí de mí para oponerme a ello, lo que me permite medirme. El pasado se integra en la situación cuando el para sí, por su elección del futuro, confiere a su facticidad pasada un valor, un orden jerárquico y un apremio a partir de los cuales ella motiva sus actos y sus conductas.



Qué significan mis entornos como tercera categoría de la facticidad. Desde el momento en que existo, estoy arrojado en medio de existencias diferentes de mi, que desarrollan en torno a mi, a favor y en contra mía, sus potencialidades. Si he de poder hacer algo en general, es preciso que ejerza la acción sobre seres cuya existencia sea independiente de mi conciencia general y singularmente de mi acción. Mi acción puede revelarme aquella existencia, pero no la condiciona.



Ser libre es ser libre para cambiar. La libertad implica, pues, la existencia de entornos que cambiar; obstáculos a franquear, instrumentos a utilizar. Hacer es, cambiar lo que para existir sólo necesita de sí mismo, es actuar sobre aquello que, por principio, es indiferente a la acción y puede proseguir sin ella su existencia o su devenir. Sin esta diferencia de exterioridad del en sí, la noción misma de hacer perdería su sentido y, por consiguiente, la propia libertad se desmoronaría. Libertad prefigura la adversidad en general.



El proyecto mismo de una libertad en general es una elección que implica la previsión y la aceptación de resistencias, resistencias cualesquiera. La libertad no es un trascender cualquiera de un estado dado, sea cual fuere, sino que, al asumir el dato bruto y conferirle su sentido, se ha elegido a la vez; su fin es precisamente, cambiar esto dado aquí, de la misma manera que lo dado aparece como esto dado aquí a la luz del fin elegido. El surgimiento de la libertad es cristalización de un fin a través de algo dado y descubrimiento de algo dado a la luz de un fin.



Los valores universales de los fines elegidos sólo se extraen por análisis; toda elección es elección de un cambio concreto. Toda situación es concreta. El proyecto de libertad, hace que haya cosas, con toda la indiferencia, imprevisibilidad y adversidad, que tienen, y estamos ineluctablemente separados de ellas, pues aparecen y se revelan como vinculadas entre sí sobre fondo de nihilización. El proyecto de libertad no añade nada a las cosas; Hace que haya cosas, es decir, precisamente realidades dotadas de un coeficiente de adversidad y de posibilidad de utilización; hace que estas cosas se descubran en la experiencia, o sea, se destaquen sucesivamente sobre fondo de mundo en el curso de un proceso de temporalización; hace por último, que las cosas se manifiesten como fuera de alcance, independientes, separadas de mí por la nada misma que segrego y que soy. Porque la libertad está condenada a ser libre, o sea, no puede elegirse como libertad, por eso hay cosas, o sea, una plenitud de contingencia en el seno de la cual es ella misma contingencia.



Qué significa mi prójimo como cuarta categoría de la contingencia. Existen sucesivamente tres estratos de realidad que entran en juego para constituir la situación concreta: los utensilios ya significantes (la estación, el semáforo de ferrocarril, la obra de arte, el cartel de la movilización), la significación que descubro ya como mía (mi nacionalidad, mi raza, mi aspecto físico) y, por último, el Otro como centro de referencia al que esas significaciones remiten.



En el primer caso los modos de empleo, las designaciones, las ordenes y las prohibiciones, los carteles indicadores, se dirigen a mi tanto que soy cualquiera: en la medida en que obedezco, me inserto en la fila, me someto a los objetivos de una realidad humana cualquiera y los realizo por medio de técnicas cualesquiera; soy modificado, pues, en mi propio ser, puesto que elegido los fines que he elegido y las técnicas que lo realizan.



En el segundo caso, la realidad de nuestra pertenencia a lo humano es nuestra nacionalidad, y que la realidad de nuestra nacionalidad es nuestra pertenencia a la familia, a la región, a la profesión.



En el punto tercero, el sentido del mundo esta dado, por eso el sentido del mundo esta alienado, ya que el para sí se encuentra en presencia de sentidos que no vienen al mundo por él. Surge en un mundo que se le ha mirado, surcado, explorado, trabajado en todos los sentidos, y cuya textura misma está ya definida por estas búsquedas.



El para sí, al surgir, padece la existencia del otro; está constreñido a manifestársele así mismo en forma de una elección. Por una elección, captará al Otro como Otro-sujeto o como Otro-objeto.



Ser libre no es elegir el mundo histórico en que se surge, sino elegirse en el mundo. La alienación es ser algo que no he elegido ser. La alienación, no la encuentro jamás en la situación. El verdadero límite de mi libertad está simplemente en el hecho mismo de que otro me capte como otro-objeto y en el hecho de mi situación deje de ser situación para el otro y se convierta en una forma objetiva, en la que existo a título de estructura objetiva.



Por otra parte, que ofrece la muerte a mi facticidad: La muerte, lejos de ser mi posibilidad, es un hecho contingente que, en tanto que tal, me escapa por principio y pertenece originariamente a mi facticidad. Mi muerte es lo que se revela como lo que no puede ser descubierto, lo que desarma todas las esperas, lo que se escurre en todas actitudes, y particularmente en las que se podrían adoptar frente a ella, para transformarlas en conductas exteriorizadas y fijadas.



Mi muerte no se convierte en mía a menos que me sitúe ya en la perspectiva de la subjetividad: mi subjetividad, definida por el Cogito prerreflexivo, hace de mi muerte algo subjetivo irremplazable. La muerte no podría caracterizarse como mi muerte por el hecho de ser muerte. La muerte no aparece sobre el fundamento de nuestra libertad, no puede sino quitar a la vida toda significación.



La muerte no es nunca lo que da a la vida su sentido; es al contrario, lo que le quita por principio toda significación. Si hemos de morir, nuestra vida carece de sentido, porque sus problemas no reciben ninguna solución y porque la significación misma de los problemas sigue siendo indeterminada. La muerte no puede ser mi posibilidad propia; ni siquiera puede ser una de mis posibilidades.



Por último, dentro de la libertad, está la responsabilidad, a esto el autor del Ser y las nada, nos dice: El hombre, al estar condenado a ser libre, lleva sobre sus hombros todo el peso del mundo; es responsable del mundo y de sí mismo en tanto que manera de ser. Cada persona es una elección absoluta de sí a partir de un mundo de conocimientos y de técnicas de esa elección a la vez resume e ilumina; cada persona es un absoluto que disfruta de una fecha absoluta, y es enteramente impensable en otra fecha. El hecho de mi nacimiento nunca me parece en bruto, sino siempre a través de una reconstrucción pro-yectiva de mi para-sí; me avergüenzo, me asombro o me alegro de haber nacido, o, al intentar quitarme la vida, afirmo que vivo y asumo esta vida como mala. Así, en cierto sentido, elijo haber nacido.



Resumiendo el pensamiento Sartreano tenemos:



1.- La existencia precede a la esencia.

2.- El hombre es plenamente responsable.

3.- El hombre es un proyecto que se vive objetivamente.

4.- El hombre esta condenado a ser libre.

5.- No hay ninguna naturaleza humana o lo que es lo mismo: el hombre es un ser en situación.

6.- El existencialismo no es una filosofía que promueve el quietismo.

7.- El punto de partida es la subjetividad humana, es decir, existencial.

8.- El hombre no se encuentra encerrado en sí mismo sino presente en el universo humano.







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